Desde que soy chiquita siempre tuve una mejor amiga, Alma, La conozco prácticamente desde que somos bebés y toda nuestra vida hacíamos todo juntas. Cuando llegamos a sexto grado nos cambiaron de colegio, ya que Alma se había mudado a un barrio un poco lejos de acá, pero no dejamos que eso nos separe del todo. Nos juntábamos cada vez que podíamos y tratábamos de hablar todos los días.
Cuando llegamos a primer año, supongo que la secundaria y todo lo nuevo que nos rodeaba nos agobió un poco, y nos distanciamos ligeramente. Ella siempre estaba conmigo, tanto en las buenas como en las malas, y supongo que yo también estaba para ella, o al menos eso creo.
Cuando llegó el verano, todos mis amigos de mi colegio se habían ido de vacaciones, por lo que generalmente yo me quedaba en mi casa, jugando con mi hermano, con la computadora o tirada en el piso de mi jardín mirando el cielo. No puedo negar que me aburría un poco, pero no tenía nada mejor que hacer, por lo que esa era mi diversión diaria hasta que llegó ese mensaje.
Una tarde que parecía bastante aburrida y gris, Alma me escribió el siguiente mensaje:
Alma: Hola Martu!! Che, no querés venir a pasar dos semanas en Córdoba con mis viejos?? Nosotros te pasamos a buscar en auto el 14, ¿te parece?
Ese mensaje me hizo la tarde, estaba tan feliz que nos íbamos a volver a buscar que casi no podía creerlo. Mis papás accedieron a la propuesta, y con Alma nos pusimos a pensar y hacer listas de las muchas actividades que haríamos en Córdoba. Pasaron los días y finalmente el 14 llegó. Estaba muy emocionada, pero no me había imaginado que mi mamá me despertara a las cuatro de la mañana.
– Dale Martina levántate. La familia de tu amiga ya está afuera. –Dijo mi mamá con una cara de sueño terrible, pareciendo bastante malhumorada
– ¿Qué? ¿No iban a venir a las siete? – Murmuré con los párpados aún pesados al ver el pequeño reloj que tenía en mi mesita de luz.
– Ya lo sé, pero parece que les gusta adelantarse un poco…
Me levanté y me desperté lo más rápido que pude, antes de mirar por la ventana y ver que, efectivamente, el auto de la familia de Alma estaba ahí. Me arreglé lo más rápido
que pude, agarré mis cosas y bajé las escaleras. Cuando vi a Alma, parecía más… extraña, como más vacía.
– ¡Hola, Marti! ¡Cuánto tiempo! – Dijo la chica y me abrazó, a lo que lo correspondí.
– Sí… Cuánto tiempo. – Dije un poco incómoda, antes de ver a los papás de Alma, sonriendo de manera algo escalofriante.
Alma y yo entramos en el auto y el papá de Alma puso mi mochila en el baúl. Nos quedamos hablando, del secundario, de nuestros nuevos amigos y de la vida en general. Entraron los papás de Alma al auto y empezaron a conducir. Las breves conversaciones que teníamos con Alma eran bastante incómodas, sumadas las miradas de desaprobación de su madre, creo que nunca le caí bien.
–Y… ¿Qué tal el secundario? – Dijo el papá de Alma, que era diez veces más simpático que la madre.
–Todo bien, creo. – Dije y me encogí de hombros, con cierto deje de indiferencia. El hombre soltó una risa y siguió conduciendo.
Las horas pasaban y ya se tornaba un poco aburrido mirar por la ventana, por lo que decidí echarme una siesta. Puse la cabeza en el vidrio de la ventana del coche y cerré los ojos. No pasó mucho tiempo para que me quedara completamente dormida. Cuando me desperté, aún seguía sin amanecer, pero todos estaban callados, en silencio. Agarré mi teléfono y miré la hora: 7AM. Me volteé a ver a Alma, la cual tenía una sonrisa… extraña, parecía casi inhumana, casi terrorífica.
–¿Pasa algo Almu? – Dije sin poder demostrar cierta preocupación.
–No, ¿por?
–Nada…
De repente, sentí mi celular vibrar, así que lo encendí y…
–¿Qué…? – Murmuré para mí misma, sorprendida. La notificación era un mensaje de… ¿Alma?
Alma: Estoy abajo Mar, bajás o te toco timbre???
Me quedé tiesa. Alma no estaba usando su celular. Mire hacia adelante y vi los ojos de los padres de Alma… o lo que parecía ser Alma. Ambos señores estaban sonrientes, demasiado sonrientes, ni siquiera sabía si un humano normal podría sonreír así.
Miré a Alma y su rostro estaba completamente deformado, esa figura extraña se acercaba más y más…
¡¡¡BIP, BIP, BIP!!!
–Martina, levántate, ya llegó tu amiga.
–¿Eh?
–¡Vamos, arriba!
Todo había sido un… ¿sueño?
Escrito por: cacamote
